El famoso analista y periodista no ve otra salida para la región que las negociaciones con Estados Unidos.
Nos recibe en el piso ejecutivo del hotel Hilton Colón. Está apurado, previendo los pormenores de una agenda intensa que incluye la presentación de su más reciente libro, una conferencia en la fundación El Universo, entrevistas con candidatos presidenciales y personajes del poder local... Todo eso en 48 horas.
Conocido por sus artículos semanales, que se difunden en 40 periódicos en el continente americano, por su espacio como analista en CNN y sus polémicos libros sobre América Latina, el periodista argentino Andrés Oppenheimer, residente en Miami (EE.UU.), se muestra sencillo y pragmático en sus ideas y en sus visiones de la realidad.
Conoce poco de Ecuador, lo cual parece contraproducente en uno de los periodistas mejor informados y más contactados en el continente: la semana pasada estuvo en Washington con Otto Reich, uno de los “duros” de la administración Bush. Hace diez días entrevistó a Lula, el candidato presidencial brasileño, y anteayer lo llamó el mandatario colombiano Álvaro Uribe para expresarle su preocupación por “la falta de compromiso de los países vecinos para combatir el narcotráfico”. Preocupación que Uribe también comunicó al presidente norteamericano horas antes de que este decidiera excluir al Ecuador de las preferencias arancelarias andinas (ATPA).
Nuestro país ha dado todo el apoyo a Colombia, entregó la base de Manta a Estados Unidos, firmó la paz con el Perú, puso a sus militares a resguardar la frontera norte y lo que recibe de EE.UU. es un castigo. Nada de ATPA, nada de firmar con el Fondo Monetario, nada de nada...
Creo que gran parte de la críticas que se hacen en el Ecuador y otros países de América Latina al gobierno norteamericano son justificadas. Lamentablemente, desde el 11 de septiembre del 2001 Bush se ha volcado de lleno a la lucha por la supervivencia, cosa totalmente explicable, pero lamentablemente lo ha hecho dejando de prestar a América Latina la atención que sí estaba prestando antes del ataque terrorista.
Eso se entiende, pero, ¿por qué el castigo a Ecuador?
Yo no usaría la palabra castigo. Usaría la palabra “indiferencia”. Altos funcionarios del gobierno de Bush dicen que esa percepción es equivocada y ponen como ejemplo el costo político que pagó el gobierno de Bush por conseguir el voto en el Congreso para el fast track (autorización para la negociación comercial directa entre el gobierno de EE.UU. y determinados países de la región). Yo creo que es una cosa que a veces no tomamos en cuenta los periodistas, pero en cierto sentido Bush ahí sí apostó fuerte por América Latina. Sin embargo, lamentablemente la atención prioritaria de EE.UU. está centrada en prevenir un segundo ataque terrorista, cosa entendible pero perjudicial para América Latina.
El problema con esa actitud es que no deja ninguna alternativa a Ecuador y a Latinoamérica. Ecuador lo da todo y EE.UU. le cierra las puertas. ¿Existe una alternativa? Parece que no...
Es que no hay alternativa. Peor sería con Europa: la Unión Europea se está expandiendo de 15 a 23 miembros. Alemania, que es el EE.UU. de Europa, ya no tiene recursos para pagar la incorporación a su economía de la mitad de su país luego de la caída del Muro de Berlín. Hungría y Polonia son potencias agrícolas que compiten con América Latina. Entonces las puertas de Europa van a estar más cerradas todavía. A América Latina le conviene abrirse más las puertas del mercado norteamericano, que es el más grande del mundo. Sería absurdo no aprovechar la ventaja competitiva de estar en el vecindario del mercado más grande del mundo para intentar ganar aunque sea un mínimo rincón de ese mercado, que para un país latinoamericano representa un chorro de dinero impresionante.
Pero los últimos hechos dicen que no hay esa apertura. En la realidad no existe esa apertura del gobierno de los Estados Unidos.
Ojo, están mirando a la próxima semana, yo estoy mirando a dos, tres o cinco años. En el 2005 se firmará el Alca (Área de Libre Comercio de las Américas), que no será lo que muchos quisimos cuando se lo ideó, pero es un principio de algo que puede llegar a ser muy grande, como en su momento lo fue para España su incorporación a la Unión Europea. Cualquiera que haya visitado España se queda con la boca abierta, acá no hay que inventar el círculo porque lo que hay que hacer es simple: qué funciona en el mundo, eso es lo que funciona, entonces a copiarlo.
Pero América Latina está preocupada por el Alca. En Brasil se está hablando de una anexión económica de América Latina a Estados Unidos. En México también se han expresado fuertes rechazos...
En México los acuerdos comerciales con EE.UU. fueron un éxito absoluto, tanto que ni siquiera la vieja izquierda está hablando en contra y se está mordiendo la lengua. En México se cuadriplicaron las exportaciones y si no fuera por el Tratado de Libre Comercio, México hoy estaría 100 veces peor.
Entonces, ¿en qué contexto enmarcamos esas críticas y dudas? Hasta el presidente Cardoso, de Brasil, se ha mostrado escéptico...
Cuando Cardoso y Lula (candidato socialista, favorito para ganar las elecciones del próximo domingo en Brasil) critican las medidas agrícolas y arancelarias proteccionistas de EE.UU. tienen toda la razón. Cualquier persona que defiende a su país criticaría las medidas proteccionistas de EE.UU. en los últimos meses. Eso está perfecto, pero es parte del juego: si tu socio toma una medida que a ti te perjudica tú levantas el grito a los cielos, tienes que hacerlo. Pero de ahí a decir que el proyecto de un mercado común o un tratado de libre comercio no le conviene a Brasil, ni siquiera Lula dice eso, Lula dice que el Alca como está planteado ahora es una fórmula para perjudicar a América Latina, pero cuando tú le das ese argumento al congreso norteamericano te dicen todo eso va a ser negociado, es decir que cuando lleguemos a la mesa de negociación vamos a hacer concesiones en materia agrícola. Entonces si Lula gana podrá comprobar él mismo que para Brasil la gran solución es entrar al mercado de EE.UU. y dirá que el Alca estaba planteado pésimamente pero que luego de las negociaciones puede llegar a ser muy favorable para Brasil. Fíjense lo que pasó en la UE, España triplicó su estándar de vida en los últimos 10 o 15 años gracias a la integración comercial.
No parece comparable. Esa Europa estaba ya consolidada y con monedas sólidas, mientras América Latina tiene una Argentina quebrada, un Uruguay frágil, un Brasil incierto, una Venezuela que tambalea...
Es una encrucijada. Si quieren mirar el lado optimista, a diferencia de Europa en América Latina hablamos el mismo idioma y tenemos mucho mejor relaciones de las que tienen los alemanes con los franceses o los españoles con los franceses. Por tanto, en lugar de llevarnos 40 años acordar una moneda única, puede llevarnos 10 o 15 años, que no es mucho. Ahora, si quieren mirar el lado negativo de las cosas diríamos que esto se vuelva un pandemónium, que volvemos al populismo, a las ideas que no han triunfado en ningún lado del mundo y que estamos yendo cuesta abajo. Pero creo que de una y otra forma vamos a ir a firmar el Alca. Entonces puede darse una partición política de Sudamérica, con Brasil, Argentina y Venezuela en una postura de negociación mucho más dura y con Chile, Perú, Bolivia, Colombia, Centroamérica y México con una postura pro libre comercio y pro EE.UU. . Pero a la hora de concretar se va a llegar a acuerdo porque no hay otra alternativa.
Sin embargo, es utópico pensar, por ejemplo, en un Ecuador sentado a la mesa con Estados Unidos y negociando horizontamente, cuando se sabe que, por lo general, quien ha puesto las reglas siempre ha sido EE.UU. Claro que es un gran mercado, pero Ecuador no puede verlo como seguro. Lo ocurrido con la exclusión del ATPA es un buen ejemplo.
Pero miren, ¿los chilenos qué están haciendo? Están haciendo un acuerdo de libre comercio con EE.UU., directo. Entonces hay que ver si a Ecuador le conviene negociar como grupo andino o como Sudamérica.
El otro lado del problema es nuestro. Ecuador ha carecido de líderes reales, que le permitan, por ejemplo, sentarse a negociar tú a tú con Estados Unidos, en un marco de mutuo respeto. Ese problema de falta de liderazgo es muy fuerte en América Latina y básicamente en Ecuador. De nuevo la exclusión del ATPA es el ejemplo. Se nos marginó por razones de estado, seguramente, pero también por incapacidad para negociar.
Para mí lo de fondo es crear las condiciones políticas y económicas para que los ricos de cada país traigan de vuelta su dinero del exterior que justificadamente lo ponen afuera porque no confían en las reglas del juego de su propio país. Entonces no hay que pedir más préstamos al Fondo ni a EE.UU., ni negociar sin poder mirar a los ojos al interlocutor. Lo esencial es crear las condiciones económicas y políticas para que los empresarios ecuatorianos encuentren las condiciones favorables en su país como para traer su dinero, abrir fábricas y ganar más dinero del que ganarían dejándolo en un banco en Miami, así de simple. Chile lo ha hecho porque no han cambiado las reglas de juego, han tenido gobiernos derechistas, de centro, un gobierno de izquierda con Lagos y el tipo que tiene dinero en el banco no tiene miedo porque las reglas y las instituciones funcionan. En cambio a Argentina le va a costar generaciones restablecer la confianza en el país. ¿Ustedes dos pondrían su dinero en Argentina? No. Ese es el problema de fondo.
Es decir que, según usted, la salida para un país como Ecuador es estructurar un proyecto nacional más allá de la coyuntura de un gobierno de cuatro años, con planes de Estado, con políticas de Estado a largo plazo.
A los líderes políticos uno los puede culpar, pero es también responsabilidad de la prensa, de las organizaciones no gubernamentales y de los ciudadanos decirles a los líderes: señores, ustedes no deben cambiar lo que hizo el anterior porque entonces el país no va para ningún lado, avanzamos dos pasos y retrocedemos tres, estamos siempre en las mismas. Tiene que haber consenso nacional, elevar el debate político a las grandes causas nacionales, si hacer esta reforma o no hacerla, pero no el todo o nada. Entonces ningún nuevo presidente tratará de inventar el paraíso.
Pero eso implica un cambio de mentalidad, de cultura política, de nuevas formas de mirar el país...
Yo no creo que ningún país esté biológicamente condenado a vivir en la inestabilidad ni en la corrupción. Hay países que han cambiado rapidísimamente. Vuelvo al ejemplo de España. España era el país de la siesta, de la vagancia, de la fiesta. Ahora vas a España y te quedas con la boca abierta. ¿Cómo lo hicieron? Integrándose con los países más ricos para venderles camisas, zapatos, y hasta productos suntuosos. Para mí el camino de América Latina está muy claro, lo que me preocupa es cómo convencer a EE.UU. de que eso le conviene a EE.UU., porque ahí está la otra parte del tema: para muchos norteamericanos conviene comprar en China porque es más barato que en Ecuador. Miren, el gran desafío de nuestros países es cómo convencer al Gobierno y al pueblo estadounidense que les conviene tener socios en el vecindario y no en la otra punta del planeta.
Ese es el otro problema. Cómo hacer que Norteamérica abra mejor los oídos y los ojos a la realidad latinoamericana, donde el 52% no cree ya en la democracia, donde el populismo vuelve con fuerza, donde la crisis económica golpea a millones de personas. La gente en América Latina podría atribuir a EE.UU. gran parte de la culpa de todo eso, y aunque a lo mejor sea injusto, la crisis y la falta de oportunidades económicas pueden crear una brecha insalvable entre norteamericanos y latinoamericanos.
A mí el escenario que más me preocupa es una situación caótica en países de Sudamérica y que EE.UU. haga el corte en el Canal de Panamá y diga, buenos señores, nosotros tenemos a México que es nuestra frontera, tenemos un comercio andando con México, ahora vamos a hacer el tratado de libre comercio con Centroamérica, que eso ya está en marcha y se va a concretar el año próximo. Y bueno, si al sur del Canal de Panamá todo es un pandemónium mi temor es que EE.UU. diga hasta acá llegamos, vamos a integrarnos con los países del América del Norte, con México y Centroamérica, y el resto que se arregle. Yo creo y espero que eso no suceda, pero mi temor es que existe la creencia que jamás EE.UU. permitiría un estado de esas cosas, mi temor es totalmente diferente, mi temor es que EE.UU. lo permita, mi temor es que EE.UU. se lave las manos y diga “bueno, señores sudamericanos, ustedes quieren hacer un experimento distinto e inventar algo nuevo, adelante, buena suerte, le deseamos todo lo mejor”.
“Negociar con Europa es muy complicado. A América Latina le conviene abrir más las puertas del mercado más grande del mundo: EE.UU.”
“Ecuador debería mirarse en el espejo de España. Gracias a la integración regional, en 15 años España triplicó sus estándares de vida y se transformó”.
“En México los acuerdos comerciales con EE.UU. son un éxito absoluto, tanto que ni la vieja izquierda puede hablar en contra”.
“Lo que más temo es que Estados Unidos diga como abajo del Canal de Panamá es un pandemónium, allá ustedes con sus experimentos. Les deseamos suerte”.