¿Cuál fue la principal enfermedad en la Colonia?
La erección. Había prácticamente erecciones todo el tiempo y los cronistas dan fe de que las erecciones eran de todo orden: de los obrajes, villas, ciudades, audiencias, obispados, universidades y hasta monumentos.
¿Había muchos médicos?
No. Los encargados de curar eran los barberos, por lo cual entrar a una peluquería podía resultar riesgosísimo. Se cuenta de una señora que acudió para hacerse el manicure y, cuando estaba sentada, le sacaron el útero. En cambio, un señor fue a una barbería para que le operaran del apéndice, y terminó sin bigote. En las peluquerías había anuncios como este: “Arreglamos el cabello, sacamos muelas y depilamos, drenamos abscesos, aplicamos ventosas, afeitamos, afilamos machetes, tijeras y navajas y somos especializados en quimioterapia. Tarifa única”.
Para las torceduras de huesos, estaban los sobadores, que también se llamaban tocadores o fregadores. Se cuenta de una dama de alcurnia que concurrió a uno de ellos para que le restaurara la tibia y luego de la sesión se dio cuenta de que estaba, literalmente, fregada porque no solo que la tibia estaba caliente, sino toda ella.
Además, existían los hierbateros que, como su nombre lo indica, curaban con hierbas, emplastos y cataplasmas.
¿Qué hierbas usaban?
Depende. Y es que había que conocer las propiedades de cada cual. Por ejemplo, si usted estaba con dolor de estómago y tomaba chichira, le pasaba el dolor de muelas, pero el dolor de estómago continuaba imparable.
Con la ortiga se curaban los cálculos y por eso era muy buscada por los alumnos de matemáticas.
En caso de estreñimiento, había que tomar aceite de palo santo que, aunque no tenía propiedades laxantes, calmaba totalmente los nervios de aquel que no había podido hacer sus necesidades durante varios días. O meses.
Si se tomaba bejuquillo, había la necesidad de buscar una víbora para que le mordiera, a fin de que la planta hiciera efecto.
Para los malos humores se recomendaba la Calahuala y, para los buenos humores, la página de las tiras cómicas de los diarios. O, en su defecto, una caricatura de Bonil.
Para las lombrices, la coladilla, con el único inconveniente que había que hacer una infusión y dar una cucharada cada tres horas a cada una de las lombrices.
¿Cuándo se acabó la Colonia?
Los historiadores más serios hemos llegado a la conclusión de que la Colonia no se acabó, sino que se envasó. Para prueba, basta con aplicarnos un poco de Christian Dior, Gavinchy o Ives Saint Laurent.