El presidente saliente, Andrés Pastrana, fracasó en su intento de poner fin a la guerra interna.
Colombia se prepara para un cambio histórico cuando el miércoles próximo el presidente Andrés Pastrana, que fracasó en su apuesta por la paz, deje su lugar a Álvaro Uribe, un convencido de que se requiere de autoridad para enfrentar a los grupos irregulares que actúan en el país.
Uribe, un abogado de 49 años, llega a la presidencia de un país muy distinto al que Pastrana recibió hace cuatro años: en aquel momento Colombia vivía la ilusión de una paz que parecía cercana gracias a las reuniones que sostuvo el entonces candidato con el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Manuel Marulanda (alias Tirofijo).
“Yo sacrifiqué mi popularidad y mi capital político. Nunca pensé que las cosas fueran fáciles, y efectivamente no lo fueron. Me tocó por cuatro años bailar con la más fea”, afirmó recientemente el mandatario.
Lluvia de críticas
A pesar de la lluvia de críticas que salpican al presidente saliente por su fracaso en el tema de la paz, es un hecho ampliamente aceptado que las relaciones exteriores quedan en un nivel difícil de superar.
En este cuatrienio, Colombia logró mejorar las relaciones con Estados Unidos, hasta el punto que consiguió la mayor cooperación militar y económica en su historia.
Washington se comprometió a entregar en los últimos dos años 1.700 millones de dólares para la guerra antidrogas en el marco del Plan Colombia, lo que se ha traducido en la llegada de más de 50 helicópteros para las fuerzas de seguridad locales y el entrenamiento de un batallón antinarcóticos del Ejército.
Y ahora esa ayuda se podrá emplear para combatir a los rebeldes y a los paramilitares gracias a la aprobación del Congreso norteamericano.
El mérito es aún mayor al recordar que Pastrana recibió las relaciones bilaterales en su punto más bajo, ya que a su antecesor, Ernesto Samper (1994-1998), le era negada la visa a los Estados Unidos por las sospechas del ingreso de fondos del narcotráfico a su campaña presidencial.
Al final de un camino empedrado de buenas intenciones, Pastrana, que quiso pasar a la historia como el presidente que logró la paz con los grupos armados, se dispone a entregar con el 64% de impopularidad un país que arde, y a someterse, sin más, a un inexorable juicio del tiempo.