Viernes 19 de julio del 2002 Cartas al Director

Me vendieron llantas malas

A mediados de año compré en una empresa en la avenida Plaza Dañín cinco llantas y cuatro aros para mi vehículo, y pagué cerca de $ 1.200. A la semana, a una de las llantas se le comenzaron a salir los alambres por los costados.

Al encargado de esa empresa le manifesté que la llanta estaba defectuosa y que me la cambie por una buena, replicándome que la falla era de la suspensión de mi carro, y que este habría ya recorrido siquiera 10 mil kilómetros, y por eso la llanta se había gastado.

No fue así, pues mi vehículo pasa guardado en casa siempre porque vivo en Estados Unidos la mayor parte del año, y nadie tiene acceso a mi carro. Hace poco, la otra llanta tuvo un leve roce en un costado con una piedra y se desinfló. En otra ocasión y al pasar por un bache, se le partió un aro. Suerte que me movilizo a velocidad moderada.

Con lógica razón fui al almacén y le enseñé al encargado la llanta con los alambres sobresalidos, le reclamé y me dieran otra de calidad, porque las cinco que había comprado eran pésimas.

Me dijo lo mismo de la primera vez, que era por fallas de la suspensión del coche. Pedí hablar con la dueña del negocio, pero añadió que esta no se encontraba, cuando supe por otra persona que sí estaba.
Pude tener un accidente de fatales consecuencias junto a mi familia si explotaba la llanta, por los cables que sobresalían a un costado.

Quisiera que el defensor del Pueblo, Franklin Moreno, quien sé que está cumpliendo a cabalidad sus funciones, tomara cartas en este asunto. Me siento decepcionado por esta muestra de viveza criolla.
Esteban E. León Zúñiga
Guayaquil

      

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