Domingo 07 de julio del 2002 La Jaula del Pájaro

Marco Medina lucha por la supervivencia de la música ecuatoriana

El pasillo, su pasión

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Marco Medina tiene una idea obsesiva: difundir con fuerza el pasillo, su gran pasión. Piensa que en la escuela no se enseña a amar la música nacional.

Destila pasión. Pasión por el pasillo. Y amor. Amor por los artistas nacionales.

Marco Medina me cuenta que hace unos años se trasladó a vivir a Quito, donde se radicó por el lapso de ocho meses para hacer un acto de justicia a una de las cantantes más prestigiosas que ha tenido el Ecuador: Maruja Mendoza Sangurima a quien, en 1997, el Gobierno le otorgó un pensión vitalicia que ascendía a 200 mil sucres mensuales. Ella, sin embargo, no podía cobrar esa pensión porque en el decreto legislativo en el que se la otorgaba constaba su nombre artístico y no el legal: María Edelmira Mendoza Montiel.

Gracias a la pelea que dio Medina, la artista pudo recibir su pensión de manera retroactiva, dos años después.

Luego me dice que ahora se está celebrando el centenario del nacimiento de Elías Cedeño Jervis, el autor de Manabí, cuyos restos yacen en la bóveda 120 del Cementerio General de Guayaquil. Medina está empecinado en que se cumpla la última voluntad del poeta: que se lo sepulte en Rocafuerte, que se siembre un árbol en su tumba y se le cante su pasillo Manabí.

- Usted es un obsesionado por el pasillo. Pero ¿el pasillo no ha ido quedándose sin oyentes? ¿Lo escucha la juventud?
El pasillo va muriendo por falta de difusión y porque las casas grabadoras no quieren grabar música nacional porque al día siguiente se piratean los discos. Entonces ¿por qué la Sociedad de Autores y compositores ecuatorianos (Sayce) no hace una campaña en serio para incautar las máquinas reproductoras de discos piratas?

- Pero, además de eso, ¿no será también que la juventud busca otros ritmos, otras letras?
Nuestra juventud ha asimilado todo lo que está deteriorado. Vivimos en una época terrible y la juventud no se escapa de esta arremetida. Del extranjero vienen porquerías que, inclusive, atentan contra la moral.

- Probablemente esas canciones les digan a los jóvenes más que los pasillos, ¿no?
El pasillo no llega a la juventud porque nadie quiere lo que no conoce. Y si no lo escuchan en las radios como escuchan la tecnocumbia, la bachata, el vallenato y las rancheras, no lo valoran. Por eso el pasillo le suena extraño a la juventud.

- “deja posar mis labios sobre tu piel de armiño“ ¿le dirá algo a la juventud de hoy?
Es preocupante que las nuevas generaciones no sepan que el pasillo nos pertenece. El arte tiene la misión de sensibilizar y lo que pasa es que nuestra juventud no conoce los ritmos que nos son propios. Los programas de educación musical del Ecuador son arcaicos, y eso es culpa del Ministerio de Educación. ¿Dónde está la música ecuatoriana? ¿Saben los alumnos quiénes fueron nuestros autores, nuestros compositores, nuestros grandes cantantes? Ahí está el problema.

- ¿Y si esa música les aburre?
Pero al menos que la conozcan. Nuestra música tiene una dosis de nostalgia que hace que el ser humano con algo de sensibilidad, se extasíe.

- Sin embargo, el pasillo como que se quedó, como se estancó...
Claro que se estancó cuando las casas grabadoras, pensando en el rédito económico, convirtieron al pasillo en comercial.

- Pero tampoco se renovaron nuestros compositores, nuestros cantantes, nuestros músicos...
¡Es que tanta era la humillación que sufrían nuestros compositores al recibir un sucre como pago por letra y música! Además, las regalías eran inexistentes. Esa ha sido nuestra realidad. En otros países, como México, por ejemplo, otra es la situación. Agustín Lara le regaló a su hermana la canción Noche de Ronda y ella vivió de las regalías que le dejó esa melodía. Es que allá hay una consecuencia con el arte. En cambio, nuestros músicos viven pobres y, muchos de ellos, mueren en la indigencia.

- Con todo y eso ¿sobrevivirá el pasillo?
Solo si el Ministerio de Educación instaura, en sus programas de estudio, la obligación de conocer nuestra música.

- ¿Los festivales del pasillo tienen respuesta?
La gente los disfruta. En los 12 festivales que he organizado, la gente se pone frenética, los canta y sale de allí con un desahogo del alma.

- ¿Hay autores modernos que tienen la misma calidad y sensibilidad de los clásicos?
Sí. Por ejemplo, Lucho Padilla, autor de Guayaquil es canción. Él ha ido ya cuatro veces a la OTI.

- ¿Una golondrina hace verano?
Una no, pero la unión de golondrinas sí. Lo que sucede es que hay falta de apoyo para la creatividad nacional. Y falta que Sayce no humille a los compositores entregándoles como aguinaldo navideño un cheque de 15 dólares. Sayce tiene en sus arcas miles de dólares que recibe por el impuesto de ejecución pública.

- ¿Y qué hace con esa plata?
Entrega a los compositores un cheque miserable de 15 dólares. En Guayaquil hay otra institución que agrupa a los artistas, Asac, que en el año 2000 entregó una funda de víveres valorada en cinco dólares como canasta navideña al gremio de artistas del Guayas. Esa es una ofensa.

- ¿Qué hacer ante esto?
Los artistas deben hacer un acto de conciencia para no escoger como sus representantes a sus verdugos sino a sus líderes. Y que estos no luchen por intereses personales sino por el bien colectivo.

- Además de todo lo que usted hace ¿qué más hace por el pasillo?
Soy profesor en la Universidad de Guayaquil. Ahí está mi trabajo. Mis alumnos, que un día no me pudieron dar el título de una canción ecuatoriana -ni siquiera de una- ahora ya saben que el pasillo es nuestro. Además, presento en varios sitios mi colección de videos de cerca de cien pasillos; esa colección, que lleva el nombre de mi madre, que fue la poetisa y compositora Blanca Ron, la voy a donar al Municipio de Guayaquil para que se haga una videoteca a la que tenga acceso la comunidad.

- ¿Cuál es la labor de la agrupación Los Trovadores?
La fundó mi madre. Nuestra finalidad es difundir la música ecuatoriana, crear espectáculos donde se presenten los mejores cantantes de música nacional como las hermanas Mendoza Suasti, Pepe Jaramillo, Lucas Montecel.

- ¡Pero eso es prehistoria! ¿Quiénes nuevos han surgido?
Hay voces como la de Segundo Rosero, o Pily Naranjo, aunque ella, por falta de apoyo, tuvo que irse a los Estados Unidos. Claro, mi preocupación, cuando mueran las grandes figuras de nuestra música es ¿quiénes van a interpretarla?

- Esa es la angustia: el pasillo convertido en pieza de museo.
Las emisoras deberían convocar a concursos de voces. Debemos estimular a los artistas que interpretan nuestra música y no castrarlos. Se debe apoyar a quienes enarbolen la bandera de nuestro arte. Yo rindo mi homenaje a quienes, a costa de un gran sacrificio, han hecho una carrera y se han labrado un nombre.

- ¡Pero habría que exigir también a nuestros compositores una renovación!
Volvemos al punto del apoyo. Mas, si estamos prejuiciados en que nuestra música es triste, no vamos a ninguna parte. Los portugueses tienen como ritmo el fado, que es más triste que el pasillo, y lo aman. El norte del pasillo es el romanticismo que se centra en el sentimiento universal del amor, que es algo eterno. Y en la muerte. Y en la injusticia.

- ...que es lo que recuerda el ecuatoriano que está en el exterior como emigrante...
Nuestra colectividad se ha desmembrado por lo que han hecho los políticos con nuestro país. Esa gente sufre en el extranjero y esa es la gente que en este momento oxigena la economía del Ecuador. En el ecuatoriano hay un sabor de nostalgia y ahí, lejos de la tierra, es donde valora más la música nuestra. Parte del equipaje del emigrante es su música.

- ¿En esta lucha por nuestra música usted está solo?
La persona que más me ha ayudado se llama Ignacio Carvallo Castillo. Ya somos dos.

- ¿Van a ganar la pelea?
No sé. Porque después que hice mi primer espectáculo y me inauguré como empresario, me dio una parálisis facial a consecuencia de las tensiones sufridas. Eso fue en 1999.

- ¿Cuántos lleva hechos hasta ahora?
Doce.

- Entonces ¿al décimo tercero viene el infarto?
Lo que Dios quiera. Lo que pasa es que soy un apasionado por el pasillo.

- ¿Una pasión heredada?
Sí, de mi madre. Crecí oyendo pasillos.

- ¿Usted canta?
No, soy solo un enamorado del pasillo. Tampoco toco ningún instrumento. Solo llevo en el alma y en las venas el amor por la música. Y eso es irrenunciable. Por eso también he dado conferencias en el exterior y he llevado a nuestros intérpretes afuera.

- Sospecho que el pasillo queda para nosotros, los viejos. ¿Que edad tiene usted?
Cuarenta años, pero he amado al pasillo desde que tengo uso de razón. Y mis hermanos lo aman. El mayor de mis dos hijos, canta. Y mis vecinos disfrutan de la música que sale de mi casa.

- A usted, ¿cómo le gustaría que lo entierren?
Quisiera que me canten el pasillo Esperando y me sepulten junto a la tumba de mi madre.

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