Entre los derechos de los niños se menciona como prioritario el de la educación. Según el último censo agropecuario, cerca de la cuarta parte de los productores del país carece de instrucción formal. Mientras que las dos terceras solo han aprobado algún grado de instrucción primaria.
Los niños ven en la educación una gran salida a sus necesidades y tener mejores proyecciones que las de sus padres.
A través de ella, los pequeños ayudan a sus progenitores, como lo constatamos en Daule, donde la empresa CropLife capacita a los menores de las escuelas en el uso y manejo correcto de los plaguicidas, y ellos a su vez transmiten a sus padres el conocimiento recibido cuando están en el campo, para que se protejan y eviten las intoxicaciones.
Álvaro Antonio Gómez tiene 11 años, su papá es productor de arroz y cuando no es época de cosecha trabaja como guardián. “No sé cuánto gana mi papá, sé que le pagan por jornal, cuando salgo de la escuela le explico lo que aprendí, también le ayudo a desyerbar y a chicotear”.
Jefferson Morán, 10 años: “Mi papá trabaja en agricultura, él es el dueño del cultivo, después de la escuela yo le ayudo, es una tarea familiar. Cuando grande quiero ser mecánico. Creo que es importante estudiar para ser alguien en la vida y superiores a nuestros padres”.
Maira Alejandra Puma considera que es muy importante estudiar, su mayor anhelo es ser costurera. A pesar de sus 10 años no tiene tiempo para jugar, sus deberes en la casa y escuela la absorben.