Sábado 01 de junio del 2002 Turismo

La Isla Puná, una travesía por las riberas del Guayas

Redactora | Jéssica Benites

Viernes 1 de Junio de 2002

Recorrer las 26 millas náuticas permite estar en contacto con el ecosistema y extasiarse con puntos ribereños que forman parte del Golfo de Guayaquil.

Tener tan cerca al río Guayas debe ser para aprovecharlo, y un viaje a la isla Puná es una oportunidad propicia.
Recorrer las 26 millas náuticas hasta pisar la isla es mantener contacto con la flora y la fauna, así como enriquecer el acerbo cultural con leyendas de la legendaria parroquia rural del cantón Guayaquil, situada en la desembocadura del río Guayas y sus afluentes.

La travesía, que puede durar tres horas de ida y el mismo tiempo de regreso, depende de las condiciones oceanográficas (si la corriente marina está a favor o en contra), ofrece un espectáculo en las aguas del río Guayas en el que destacan los bufeos (variedad de los delfines), que dan la bienvenida a los turistas a cinco millas de distancia.

Los acrobáticos saltos acompañando al transporte fluvial son el deleite de quienes desean disfrutar de su compañía.
El paseo se hace a bordo de lanchas a motor o embarcaciones artesanales, en donde los turistas recrean su vista y despiertan la curiosidad por conocer sobre los astilleros navales.

Las emociones aumentan cuando las amarras se alejan de las radas y, dejando de lado los temores y peligros (para aquellos que no saben nadar), los visitantes buscan la mejor ubicación en los escaparates y proas para observar las naves acoderadas a lo largo del malecón.

También se avizora el tráfico de remolques y canoas llenas de banano y camarones, y asimismo se divisan las señales marítimas como los faros y las boyas flotantes bordeando los diversos puntos de la geografía.

El periplo avanza al pie del manglar con hermosos paisajes, sigue por La Josefina, desemboca en el estrecho de La Angostura desde donde es visible un barco que se incendió en plena ría.

A lo largo aparece Punta de Piedra, antigua base y fortaleza que guarda vestigios de los cañones utilizados para resguardar la integridad territorial de las invasiones de los piratas.

Más adelante Puerto Roma, luego Puerto Santa Rosa en la isla Chupadores Grandes, la isla Mondragón y el estero Grande, lugares habitados por pescadores.

Al llegar a la isla Verde se aprecia la población y las cúspides de los cerros de Mala, Yansún y Sambapalo, cuyas elevaciones cautivan a los visitantes.

Entre los atractivos están salientes al mar como los de Punta Mandinga, Punta Arenas, Punta Bajada o los Farallones que, por su cantidad de islotes, posee una fauna variada.

Aunque sus encantos naturales son desconocidos y poco explotados, su arqueología y playas tranquilas y apacibles deleitan a quienes la visitan.

Su riqueza ictiológica llama la atención por la variedad de peces, conchas, camarones y cangrejos que se adaptan a su clima ardiente y seco.

La prodigiosa tierra permite cultivar frutas tropicales y entre estas la apetecible chirimoya, que todos los años abre la temporada en el mes de mayo y hay un festival con su nombre.

También encontramos manantiales de agua, colinas calizas y algunas minas de yeso, caolín y azufre.

Puná también es historia. Los relatos de los punaes (oriundos de esta localidad) se remontan a los tiempos aborígenes. En este escenario se libraron importantes acontecimientos bélicos que marcaron la independencia del país.

Sus artesanos se dedican por completo a la navegación. Todavía en sus calles se arman embarcaciones similares a los galeones que llegaban a través del canal de Jambelí  y el Morro hasta el puerto de Guayaquil.

El pasado se reconstruye mediante la recolección de las manifestaciones artísticas. Se tallaban ídolos como sapos, largartos, pelícanos, monos y lechuzas en las que incrustaban piedras y perlas extraídas del lugar.

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