- MAY. 26, 2002 - Foto - ¿Se acuerda de...? - EL UNIVERSO
Óscar Guerra no fue el primero ni el único Sarsoza que acompañó a Evaristo Corral y Chancleta, ese personaje de la picaresca criolla que creó Ernesto Albán en 1935. Sin embargo, Guerra fue el que más y mejor caracterizó al Sarsoza y quien lo popularizó.
Óscar heredó de su padre (eterno tramoyista del Teatro Sucre) la vocación por la escena, tanto que debutó como aficionado a los 7 años de edad. A los 17 ya era profesional.
Su pasión de actor lo llevó a integrar la compañía Gómez-Albán y con ella recorrer los más apartados rincones del país a los cuales, muchas veces, llegó a lomo de mula. Iba, como todo buen juglar, de pueblo en pueblo sin esperar otra recompensa que el aplauso.
Con la muerte de Ernesto Albán, hace 18 años, no solo murió Evaristo Corral y Chancleta. También murió ese amigo leal, ingenuo y bonachón que era el Sarsoza.
Y murieron las persecuciones y los carcelazos de que Ernesto y Óscar fueron víctimas cuando, desde el poder, se consideraba que la sátira política había herido, con su estilete de humor e ironía, la imagen del mandatario de turno.
Óscar mantiene vívidos, frescos, los recuerdos. Y alimenta con nostalgia su nostalgia. Guarda con celo los programas de sus temporadas, los recortes de prensa, los álbumes de fotos, las preseas, que son su único tesoro.
Subsiste de una precaria jubilación y de una pensión que le da el Gobierno. No tiene más, porque ya dejó de hacer lo único que hizo siempre: teatro.
No lo olvidan
Camina por la calle y recibe el saludo de la gente, que lo reconoce como al Sarsoza redivivo, y le premia con una frase, con un apretón de manos, con un abrazo.
Cayó el telón. Atrás quedó la gloria que lo llevó a actuar en 18 países junto a figuras como de Libertad Lamarque, Raphael, Julio Jaramillo, Marco Antonio Muñiz o Verdaguer.
Silenciada quedó también su voz en las muchas obras de radioteatro que hizo. Difuminada, su imagen en múltiples programas de televisión y en las cinco películas en que intervino, una de ellas junto a Julio Alemán y otra con El Santo.
Ahora, a sus 77 años, le quedan sus recortes. Toma en sus manos un álbum y, al mirar las imágenes, recuerda. Y entonces, orgulloso, dice que le basta con eso para ser feliz. (FFC)