- MAY. 19, 2002 - Foto - El País - EL UNIVERSO
Su nombre deriva de los pimuchus, tribu que habitó este lugar, pero se la conoce como La tierra de las corvinas, porque el 70% de sus siete mil habitantes viven de la pesca de esta especie.
Ubicada a escasos 16 kilómetros de Babahoyo, las pocas calles de esta parroquia lucen desoladas. “La gente no sale porque la mayoría está enferma de paludismo o tifoidea y a los niños les brotan unos granitos en la piel y les da fiebre, señala Sandra Meza.
Pero no es la única que reclama. “Toda la temporada invernal permanecimos inundados y ahora el lodo está estancado y se pudre con el sol, nadie se acuerda de nosotros”, afirma Alexandra Bohórquez.
Al unísono enumeran las enfermedades de la población y coinciden en indicar que no han llegado las brigadas de fumigaciones, peor aún las raciones alimenticias.
Al grupo se une Rocío Zúñiga, con su hijo de un mes en sus brazos, afectado por una gran cantidad de granos por todo el cuerpo. “Combatimos los granos con baños de montes como matico, abejón, álamo, altamisa, los hemos curado, pero la tifoidea, paludismo, papera, enfermedades respiratorias y diarrea no las podemos tratar”.
Dos días con médico
El subcentro de salud de la parroquia es pequeño y estrecho, y solo da atención en medicina general y obstetricia, a un costo de 0,40 centavos.
Junto a la puerta, desde las 08h00, Isabel Manzaba aguardó en vano al médico con sus hijos que sufren fiebre y malestar en el cuerpo. A las 11h30 se
retiró, cansada de esperar. Igual hicieron Milton Sandoya con su hija Brisa Sandoya y Andrés Ortiz con su hijo.
“Otra vez no vino el doctor, mi hija tiene un fuerte malestar y tendré que ir a Babahoyo”, dijo molesta Sandoya.
Rápidamente las quejas se multiplican contra el médico, José Ávila -presidente de la Asociación de Médicos Rurales de Los Ríos-, pues los pacientes manifestaron que solo acude al subcentro dos veces a la semana.
La desesperación se extiende a las autoridades locales. “Estoy cansada de ir diariamente al Municipio a solicitar ayuda para Pimocha y no me atienden. Ni siquiera podemos hacer un paro, porque la carretera solo llega hasta aquí, sostuvo Maribel León, presidenta de la Junta Parroquial. “Acuérdense de nosotros que también somos humanos”, solicitó.