Sábado 11 de mayo del 2002 Migración

Emigrantes cambiaron todo por nada

Redactor | José Solís

El bajo sueldo, la cirrosis de su esposa y la nefritis (inflamación renal) que padece su último hijo, obligaron a Hipólito Bravo Loyo a salir del país.
El 31 de marzo pasado dejó su casa en el Guasmo Sur, cooperativa Julio Potes, horas más tarde llegó al aeropuerto de Barajas, en Madrid, pero no logró pisar tierra española.

Las autoridades de Migración en España le impidieron ingresar al país ibérico por una supuesta falta de documentos.
Sin poder entender qué pasaba, en el mismo avión de Iberia lo regresaron. Desde entonces empezó su calvario.

Hipólito Bravo, de 40 años, no tenía dinero y la situación lo angustiaba más por las enfermedades de su esposa e hijo.
No esperó más, vendió todos los electrodomésticos, prestó dinero y compró pasaporte y pasaje para España.

La noche del 30 de marzo, la familia le hizo una pequeña celebración y al día siguiente, entre lágrimas y abrazos, se despidió de su esposa y sus cinco hijos.

Los planes que hizo mientras viajaba se derrumbaron al llegar a Madrid, cuando la Dirección General de Policía del puesto fronterizo del aeropuerto de Madrid le notificó que no reunía los requisitos para ingresar al país.

Según Migración, no pudo justificar el objeto y las condiciones de la estancia que la legislación española exige para autorizar la entrada a los extranjeros.
Ya de regreso, cabizbajo y sin atinar qué hacer acudió a la Defensoría del Pueblo, en Guayaquil.

Presentó los documentos de viaje y solicitó al organismo que protege los derechos humanos, que lo apoye en el reclamo de una indemnización por daños y perjuicios planteado contra Migración en Madrid.

Los documentos revelan que pagó 1.226 dólares por concepto de pasaje a una agencia de viajes, aparte del costo de otros trámites.
En la parroquia urbana Pascuales, Érika Johanna Sánchez Muentes, de 22 años, también vive su tragedia.

Llena de ilusiones, a las 14h40 del domingo 21 de abril pasado partió a Madrid, en vuelo de Iberia.

Al llegar al aeropuerto de Barajas, Madrid, entregó los documentos al primer control migratorio y luego se los devolvieron.
Todavía angustiada, la mujer dijo que todo estaba en regla.

Incluso la carta de invitación de una pariente y los 2.000 dólares de la póliza.

Pero se sorprendió cuando le dijeron que no podía ingresar a España, porque le faltaba el boleto de regreso.
Con esta queja llegó a la Defensoría y denunció que “Migración de España le violó sus derechos, al perderle el pasaje y el dinero, dejándola sin posibilidades de regresar”.

Financió su retorno, pero ahora está más endeudada que cuando partió.
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