Hasta el próximo 12 de mayo podrá verse en el Museo de Bellas Artes de Santiago la muestra del artista.
Las expectativas se quedaron cortas. Si bien Oswaldo Guayasamín hizo muchos amigos en Chile, no se pensó que su obra iba a tener la convocatoria que está logrando desde el primer día que abrió sus puertas la exposición.
Se trata de 53 cuadros que llegaron al Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago para que el público chileno se reencuentre con la obra del maestro ecuatoriano.
Hasta el 12 de mayo estará abierta la muestra cuya gestión y organización se debe al esfuerzo conjunto de la Fundación Guayasamín, la Embajada de Ecuador en Chile y la empresa privada. Después la obra irá al nuevo museo de Bellas Artes de La Habana y luego a Roma.
Los cuadros al óleo pertenecen principalmente a las series La edad de la ira y Mientras viva, siempre te recuerdo, también conocida como La edad de la ternura. La primera se creó entre 1955 y 1980, y la segunda, durante los últimos diez años de su vida.
Estas testifican “dos épocas destacadas de su trayectoria: en una conmueve con su mirada comprometida con el sufrimiento humano; en la otra, brinda un canto de color, amor y paz, en homenaje a su madre y a las madres del mundo”, explica su hijo Pablo, presidente de la Fundación Guayasamín, quien llegó a Santiago para estar presente el día en que la exposición comenzó.
El directivo de la institución resalta la relación del artista con intelectuales y políticos de Chile. “Él siempre estuvo muy cerca del pueblo chileno. Fue gran amigo de Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Salvador Allende y Eduardo Frei. Durante la dictadura el maestro abrió su casa a muchos jóvenes que partían al exilio y también hizo obras en homenaje a Víctor Jara. Chile era parte de su vida”, dice.
Anteriormente en la década de los ochenta se realizó una exposición en el mismo museo, pero solamente con los cuadros de La edad de la ira. En este sentido, Pablo Guayasamín destaca que -en el contexto de arte latinoamericano- la obra del pintor ecuatoriano tiene un paralelo con el Canto General, de Neruda. “Los dos cultivaron una entrañable relación. El gran poeta chileno supo apreciar la intensidad del trabajo de mi padre”, explica.
Para lograr además un acercamiento al hombre y no solo al artista es que la exposición en el Museo de Bellas Artes cuenta también con una serie de fotografías que retratan a Guayasamín en distintos períodos de su vida y junto a destacadas personalidades del mundo artístico, intelectual y político.
En una sala especial se exhiben videos sobre el autor y el mundo que lo rodeó.
“En todas las exposiciones de originales que se hicieron luego del fallecimiento del maestro Guayasamín, más de 20 hasta ahora, se ha intentado presentar una muestra que permita descubrir la versatilidad del artista”, afirma Alfredo Vera, director de Asuntos Internacionales de la Fundación.
Interés por disputa de herederos
En Chile se sigue muy de cerca el conflicto que han tenido durante los últimos años las dos familias del pintor Oswaldo Guayasamín, enfrentadas en una agria disputa. Primero fue por la herencia, luego por la venta de algunos cuadros del conocido artista ecuatoriano y este año la razón fue el libro escrito por Luce DePeron, segunda esposa de Guayasamín.
En esta autobiografía, DePeron muestra al llamado “pintor de los desposeídos” como un hombre violento, alcohólico y abusivo. Un “monstruo” que en su vida privada era muy diferente al creador comprometido con los pobres y preocupado de las causas indígenas.
“Hay que entender que la obra del maestro trascenderá a cualquier comentario”, añadió Pablo Guayasamín, hijo del primer matrimonio. “A todos los grandes hombres les sucedió lo mismo, pero a mi padre no lo van a poder dañar. Ellos nunca estuvieron ni vivieron con el maestro, apenas lo conocieron y deberían dedicarse a venerarlo”.