Miércoles 27 de marzo del 2002 El País

El recinto San Antonio, ‘un pueblito olvidado de Dios’

San Antonio, Los Ríos

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SAN ANTONIO, Los Ríos Desde hace un mes, Yadira Monserratte y su hija Carla Ruiz, de 9 años, viven en medio del agua y dicen que solo saben de la ayuda gubernamental por la radio y TV.

El recinto San Antonio, conocido como Arenal, del cantón Baba, en la provincia de Los Ríos, es para Yadira Monserratte “un pueblito olvidado de Dios”.

Desde hace un mes, la creciente del río Arenales y las lluvias de la presente temporada mantienen a las 60 familias del poblado bajo un metro de agua y solo conocen de la ayuda gubernamental por las noticias de la radio y televisión.
“Nadie, absolutamente nadie se ha hecho presente”, relata Yadira.

“Las corales (serpientes venenosas) -continúa la mujer– salen a flote y los centros de salud están distantes”.
Las picaduras de los insectos también son más frecuentes y los hongos por la humedad ganan espacio en el cuerpo de la mayoría de la gente, especialmente en los pies.

Los niños, que suman más de 150, con frecuencia amanecen con fiebre y sarna debido al contacto con el agua estancada.

“Mi hija, Carla Romero, de 9 años, es una de las afectadas. Nuestros esposos y hermanos no tienen dónde laborar”, añade.

Los sembríos de las haciendas y fincas inundadas cercanas a Arenales, Pimocha y Baba tales como La Alegría, La Fortuna, La Chorrera, La Porvenir y otra decena más llegaron a 5 mil hectáreas, según el registro de Antonio Sandoña, de la Comisión de Agricultores del recinto Pimocha.

“Todo se vino a pique. Cada hectárea de sembrío está valorada en 600 dólares, lo que hace que las pérdidas superen los 3’000.000 de dólares”, cuenta el agricultor, quien confirmó que solo en la cooperativa San Lorenzo, se han inundado 842 hectáreas.

La anegación también alteró las actividades ganaderas. Los animales, como los 120 que cuida Felix Jurado, permanecen en la carretera para evitar que se ahoguen.

“Hay que hacerlo, pues solo el lunes perdimos dos terneros de 120 dólares cada uno”, contó Jurado, quien reconoce que el hecho de que el ganado permanezca en la vía representa un peligro para los conductores.

El País

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